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"La marcha del silencio·

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Derechos Humanos
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El biombo de la Abuela
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Dialogamos con la Magister en psicología social Fiorella Nesta, quien se ha especializado en temas referentes a los años duros del quiebre institucional.

Entrevista a la Asist. Mag. Fiorella Nesta Fecha: 22 de mayo del 2026 Radio Equidad 91.3 FM

Vamos a la capital del país a dialogar con nuestra invitada de la noche, magíster en Psicología Social y doctoranda por la Universidad Autónoma de Barcelona, Fiorella Nesta.

Periodista: Con Fiorella ya habíamos dialogado hace aproximadamente dos o tres años sobre un tema similar al que vamos a tratar hoy. Usted realizó su maestría enfocada en la historia reciente de nuestro país, si no me equivoco.

Fiorella: Sí, efectivamente. Fue una maestría en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, en la que se desarrolló un estudio de caso comparado sobre las acciones de dos colectivos. Por un lado, Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, y, por otro, Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en Uruguay. El objetivo era analizar y comparar el alcance que habían tenido estos colectivos en el trabajo con las políticas de reparación integral, que fueron políticas transicionales en la posdictadura y adquirieron una nueva configuración en la época del progresismo político.

Periodista: Exactamente. Dos países que sufrieron prácticamente las mismas situaciones, salvando las diferencias de tamaño, pero proporcionalmente los números entre Argentina y Uruguay fueron bastante similares. ¿Sus investigaciones arrojaron resultados parecidos en cuanto a porcentajes?

Fiorella: Sí. Si bien en términos de períodos históricos podemos decir que Chile, Argentina y Uruguay sufrieron las violencias políticas y el terrorismo de Estado durante las décadas de los setenta y ochenta, estos golpes de Estado se caracterizaron por tener algunas particularidades que marcan diferencias en el alcance y la proporcionalidad de las políticas de reparación, propias de la transición hacia la democracia. La evidencia indica que Argentina tuvo una fuerte impronta desde el momento en que recuperó la democracia en 1983, con el primer gobierno democrático ya comenzaron a implementarse políticas reparatorias, como la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas).

En cambio, en Uruguay tuvieron que pasar muchos años, y las primeras políticas reparatorias se concretaron a partir del primer gobierno progresista en 2004. Eso también marca un alcance muy distinto en lo que respecta a la impronta que cada gobierno de turno le dio a la temática. Pero hay algo muy importante, necesario para el desarrollo de las sociedades, que es que los Estados asuman la responsabilidad por sus acciones.

Periodista: Y si miramos la región y observamos, por ejemplo, al país que tenemos aquí al lado, Brasil, allí ni siquiera hubo políticas reparatorias, algo que la izquierda brasileña se reprocha. En Uruguay, por ejemplo, se han retirado en casi todos los ámbitos los nombres de militares golpistas. Sin embargo, en Brasil siguen presentes - a pesar del rechazo de la ciudadanía- los nombres de dictadores en plazas, calles e incluso ciudades. Un ejemplo es la ciudad de Florianópolis, cuyo nombre rinde homenaje al mariscal Floriano Peixoto; sin embargo, la población se niega a utilizar ese nombre y prefiere llamarla Floripa.

Fiorella: Sí, eso también da cuenta de que no existe una sola narrativa ni un solo discurso al respecto. Y es algo que, a pesar de haber transcurrido ya cincuenta años, se repite en Uruguay, en Argentina, en Chile e incluso en Brasil, donde la institucionalidad de cada país no ha logrado construir una narrativa común.

Periodista: Exacto. Hay una tensión entre la coexistencia de múltiples narrativas en torno a lo que verdaderamente sucedió, y eso es lo que impide sanar ese período de la historia para que exista verdadera verdad y justicia. De los países de la región, ¿cuál considera que ha abordado menos, en el discurso y en la historia, el período dictatorial?

Fiorella: El caso argentino es muy paradigmático. Ha sido ejemplo en el mundo desde varios planos. Desde un enfoque más estructural, el propio contexto del pueblo argentino generó un apoyo a la causa de manera mucho más temprana que en el caso uruguayo, no porque sea mejor ni peor, sino porque levantó la bandera de esta causa humanitaria antes que Uruguay.

Uruguay demoró en darle trámite y en llevar a la esfera pública la problemática del terrorismo de Estado. A pesar de que hoy se observen marchas multitudinarias y una sociedad mucho más sensibilizada, el miedo y el "no te metas" siguen muy presentes en nuestro pueblo. En cambio, Argentina ha logrado generar movimientos en la esfera internacional en materia de avances normativos en derechos humanos. Por ejemplo, dentro de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, hay tres artículos denominados los "artículos argentinos", porque abordan y ponen el foco en el derecho a la identidad. Las impulsoras de esos tres artículos fueron precisamente las Abuelas de Plaza de Mayo. Eso da la pauta de la enorme significación de su lucha colectiva.

Periodista: Impresionante. Fiorella, hace apenas 48 horas vivimos en buena parte del país la 31.ª Marcha del Silencio a nivel nacional. Aquí en Rivera, por ejemplo, fue la 14.ª edición, y año a año sigue creciendo. ¿A qué puede atribuirse la vigencia y esa enorme capacidad de convocatoria, fundamentalmente intergeneracional, de la Marcha del Silencio luego de treinta y un ediciones?

Fiorella: La Marcha del Silencio en Uruguay es una manifestación muy significativa e incluso inédita, no ocurre en otras partes del mundo que haya una marcha en la que todos participen en silencio. Incluso la prensa internacional lo destaca con asombro, porque llevan treinta años marchando de una forma muy particular, porque el silencio va a contrapelo de las clásicas marchas reivindicativas.

Justamente, eso constituye una característica interesante y propia de la manera en que el silencio representa muchas cosas. No se trata solo de marchar en silencio en alusión a la censura impuesta por el terrorismo de Estado, sino de un silencio que invita a la reflexión, propio de un duelo. Pensemos en los familiares y seres queridos que todavía no saben qué pasó con sus desaparecidos, qué fue lo que les sucedió; han pasado cincuenta años y esas personas siguen desaparecidas.

Entonces es también un silencio que es una agonía. La agonía de no saber, de no tener una respuesta que la institucionalidad uruguaya no ha logrado dar todavía. Digo todavía porque ojalá que pueda darla en algún momento, para que se haga justicia.

Periodista: Desde tu especialidad, que es la psicología social, ¿qué efectos genera en la sociedad en su conjunto el hecho de tener tantos destinos sin conocer? Es decir, saber, o al menos sospecharlo con razones más que fundadas, que una persona fue asesinada, pero no contar con ese cuerpo que lo confirme o al que darle una digna sepultura.

Fiorella: Este es un tema que no solo ocupa y preocupa a la psicología en sus distintas subdisciplinas y corrientes, sino que históricamente ha sido estudiado por las ciencias humanas. Si uno piensa en un texto clásico como La Ilíada de Homero, allí en un enfrentamiento Aquiles mata a Héctor y retiene su cuerpo. El padre de Héctor lo busca desesperadamente para darle la sepultura y el despido que todos queremos para nuestros seres queridos. Si eso forma parte de la mitología griega y atraviesa la historia, imaginemos cómo genera una huella a nivel psíquico que imposibilita tramitar y cerrar el duelo. Esa huella o marca histórica genera una afectación subjetiva en todos nosotros.

Me sensibiliza especialmente ver a las madres que, pese a la edad que tienen, siguen marchando en busca de sus hijos sin obtener respuesta. Pensemos en el sufrimiento de saber que evidentemente están muertos, pero sin conocer las circunstancias, qué les hicieron, cómo sucedió, cómo fue ese desenlace.

Hay una obturación, el duelo no se cierra nunca. Sigue su curso, y no cerrar un proceso de duelo es costoso afectivamente, tanto para la persona como para su entorno.

Periodista: ¿Considera que estos treinta y un años de la marcha han contribuido a ampliar la perspectiva de algunas personas que tenían una visión diferente sobre los años previos al golpe de Estado y la posterior dictadura?

Fiorella: Sí, sin duda. Toda medida colectiva de lucha siempre deja una resonancia en el otro.A medida que fueron avanzando las generaciones, eso se ha notado en el discurso. Lamentablemente, existen algunos discursos muy conservadores que incluso pretenden volver a implementar ese régimen. Pero Uruguay avanzó institucional y democráticamente y logró quitar el velo de cosas que no se podían decir, ni contar. Hoy estamos frente a un escenario social, cultural y político en el que contamos, afortunadamente, con libertad de expresión para poder decirlo.

Ese escenario posibilitó que muchas personas, que vivieron el terror de Estado en carne propia, hayan podido brindar sus testimonios, algo nada menor para avanzar en lo que es la memoria, la verdad y la justicia. El testimoniar también hizo que muchas personas que quizás estaban en la vereda opuesta pudieran acercarse al significado de la Marcha del Silencio. Porque hay que entender que no se trata de una postura de banderas políticas, sino de una causa humanitaria, de la dignidad del otro.

Si la situación de un desaparecido no nos sensibiliza, creo que habremos fracasado como sociedad. Y en eso Uruguay ha avanzado.

Uruguay ha sido reconocido en diversas ocasiones como una democracia plena. ¿Puede realmente considerarse como tal cuando existen pactos de silencio y ocultación deliberada de información sobre el destino de tantos compatriotas?

La verdad es que no. Hasta que no se encuentren, hasta que no sepamos el destino y lo que verdaderamente sucedió con nuestros 205 desaparecidos, hay un imperativo ético que nos impide estar tranquilos. ¿Cómo puede llamarse plena democracia una sociedad que sabe que el propio Estado torturó, asesinó e hizo desaparecer a uruguayos? No es un discurso político partidario, es un discurso ético. Se trata de la dignidad humana, y desde ese lugar hay que posicionarse.

Periodista: Dos últimas preguntas, Fiorella. Volviendo a su especialización: ¿qué papel juegan el miedo, el silencio y la negación en los tiempos posteriores a un proceso autoritario?

Fiorella: Aquí podemos distinguir varios planos en cuanto al devenir de las generaciones. Algunos autores sostienen que existen comportamientos distintos en las distintas generaciones posdictadura. Una primera generación denominada "la generación de lo indecible", porque callaron sus experiencias debido a un desborde emocional, afectivo y psíquico que les imposibilitaba expresar lo que realmente había sucedido. Una segunda generación, llamada "la generación de lo innombrable", que si bien vivió esos acontecimientos desde otro lugar, no escuchaba, no preguntaba y no hacía eco de lo que la primera generación vivió. Y una tercera generación, "la generación de lo impensable", que no puede ni pensar ni representar con palabras lo que verdaderamente sucedió, un pasado marcado por una negación.

Si pensamos en el avance del tiempo, actualmente convivimos con la cuarta y la quinta generación posdictadura. Algunos autores hablan de un término que resulta muy pertinente: la posmemoria. La posmemoria es esa capacidad subjetiva de las personas de resignificar los traumatismos vividos y poder comprenderlos de una forma profunda. Y creo que eso es precisamente lo que está ocurriendo con las nuevas generaciones que vemos en las marchas.

Cada vez más jóvenes involucrados, no solo con la causa, sino emocionalmente comprometidos con ella. Desde la Facultad de Psicología venimos trabajando en una línea denominada "Gobernar la memoria: política de los traumas psicosociales en América Latina", de la que también se desprende mi tesis doctoral, que analiza las herencias del pasado reciente. Allí estudiamos no solo las políticas reparatorias, sino también las políticas educativas que dan tratamiento a la memoria histórica. Ahí están presentes la cuarta y quinta generación, esta generación de la posmemoria que resignifica por completo lo que las generaciones anteriores no pudieron decir. Es importante posicionarse desde ese lugar de esperanza; hay generaciones muy jóvenes que hablan de esto como si fuera historia propia.

Periodista: Así es, y uno lo percibe año a año. Tú lo explicas científicamente, pero me sorprendió hace dos días ver tanta gente, porque los mayores vamos desapareciendo, pero esa causa no decae, sino que al contrario, se multiplica y pasa a manos de otras generaciones. Por último, Fiorella, y agradeciéndote la amabilidad de haberme atendido, considerando que quienes tienen la información no la quieren brindar y además están muriendo producto de la propia biología, ¿qué va a pasar con las Marchas del Silencio cuando ya no existan protagonistas de esta historia?

Fiorella: Creo que la Marcha del Silencio en Uruguay va a continuar. Forma parte de la historia contemporánea de nuestro país, y mi percepción es que lo hará de manera cada vez más intensa, porque no se trata solamente del acto de marchar. Es todo lo que sucede en el contexto de la marcha, si uno asiste, tanto en Montevideo como en el interior, percibe que ocurren cosas, no solo en ese silencio abrumador, sino también en los medios de prensa, en la conversación pública a lo largo de todo el mes de mayo.

Hace veinte o treinta años no existía un "mayo, mes de la memoria", y es muy significativo que los canales de televisión, los medios de prensa y los titulares aborden permanentemente este tema. Creo que eso también es una forma de no dejar morir las Marchas del Silencio, aun cuando los protagonistas de las primeras generaciones ya no estén, y que esta participación ciudadana irá creciendo con el tiempo.

Periodista: Ojalá tengas razón. Fiorella, quiero agradecerte una vez más la buena disposición que has tenido para dialogar con nosotros. Muy esclarecedoras tus palabras. Te mando un abrazo.

Fiorella: Muchísimas gracias, Juan. Un saludo a la audiencia. La consigna sigue siendo la misma: hasta que no exista verdad y justicia, la lucha va a continuar desde los diferentes lugares en que cada uno se encuentre.

Periodista: Exacto. Te deseo éxito en tu doctorado. Muchísimas gracias.

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