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Cuando el trauma es social: salud mental, género y territorio en debate

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Cuerpo

¿Qué ocurre cuando el sufrimiento psíquico no nace solo en la intimidad, sino en la pobreza, la expulsión y la violencia estructural? Las intervenciones compartidas durante el Conversatorio “Salud mental y género” pusieron en escena historias atravesadas por suicidio adolescente, explotación sexual, desamparo trans y trayectorias marcadas por la intemperie social. Lejos de respuestas rápidas o recetas clínicas, el intercambio apostó a pensar el trauma como una producción colectiva y a disputar, desde los territorios, modos más dignos de alojar el dolor, sin romantizarlo ni administrarlo como si fuera un problema exclusivamente individual.

La actividad se realizó el 29 de noviembre de 2025 en el Salón de Actos Élida Tuana de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, en el marco del III Congreso Internacional de Psicología (CIP). Participaron integrantes del Programa de Practicantes y Residentes de ASSE y del Practicantado en convenio con la Intendencia de Montevideo y la Intendencia de Canelones, además de las docentes de la Facultad Alejandra Arias, referente del convenio con la Intendencia de Canelones; Ana Carina Rodríguez, referente del convenio con la Intendencia de Montevideo; y Silvana Contino, coordinadora académica del Programa de Practicantes y Residentes y moderadora de la actividad.

Cuando la formación se juega en lo real

El conversatorio se centró en el intercambio entre las practicantes Loana, Milagros y Juliana, y la psicoanalista e investigadora argentina Débora Tajer, produciéndose una intersección entre experiencias territoriales y un abordaje conceptual desde la salud mental comunitaria y los estudios de género.

En primer lugar, las docentes señalaron que los convenios con la Intendencia de Montevideo, la Intendencia de Canelones y ASSE forman parte de la formación en salud mental y que las situaciones compartidas presentaban un claro atravesamiento de género. Detallaron que los programas incluyen trabajo territorial con juventudes, infancias, población LGBTQ+, migrantes y otros sectores vulnerados, desde un enfoque de promoción de salud integral y comunitaria. Asimismo, aclararon que el convenio con ASSE abarca los tres niveles de atención en todo el país y combina práctica intensiva en servicios públicos con formación académica sistemática.

¿Dónde están las mujeres en salud mental?

La presentación de experiencias inició con Loana, quien relató que, durante su trabajo en centros de rehabilitación, advirtió que hay muchas menos mujeres que varones y cuestionó si esto responde a subdiagnóstico o a que ellas permanecen más invisibilizadas en el ámbito doméstico. También observó que, en talleres mixtos, las mujeres suelen quedar silenciadas, mientras que en espacios solo de mujeres la palabra circula con mayor libertad. Asimismo, señaló que la agresividad femenina tiende a leerse como descompensación psiquiátrica y profundizó en cómo la intersección entre género, clase y ruralidad incide en el sufrimiento psíquico y en las posibilidades reales de egreso, especialmente cuando los parámetros de rehabilitación se construyen en referencia al “varón cis blanco” y al trabajo formal.

Durante el intercambio, Tajer valoró el enfoque de género como “un condimento más” en la “caja de herramientas” para pensar la rehabilitación y no como una especialidad aislada. A partir de su trayectoria, sostuvo que el estigma de la locura se intensifica en las mujeres y señaló que, mientras en hospitales masculinos existían experiencias alternativas, en los femeninos predominaba una “psiquiatría biológica dura” y tareas asociadas a estereotipos. Agregó que en los grupos mixtos los varones suelen monopolizar la palabra y propuso fortalecer espacios propios sin abandonar los mixtos, trabajar desde una perspectiva interseccional y promover mayor agencia, evitando idealizar o descalificar automáticamente los deseos y mandatos tradicionales que atraviesan a las mujeres.

Suicidio adolescente y culpa: un trauma que excede lo individual

Luego tomó la palabra Milagros, quien presentó ante la audiencia el caso de Florencia, adolescente de 17 años de Ciudad de la Costa, que relató por primera vez el suicidio de una amiga a la que encontró colgada en un árbol frente a su casa. La joven describió culpa persistente, recuerdos intrusivos y evitación, en un contexto atravesado por explotación sexual, pobreza y violencia. Aunque rechazó la psicoterapia por prejuicios y malas experiencias, buscó un espacio grupal de sostén. Tras exponer el caso, la practicante problematizó cómo el género, la edad y el territorio inciden en la búsqueda de ayuda y cómo evitar intervenciones revictimizantes.

Al retomar la palabra, Tajer subrayó que se trata de un “trauma social”, producido por condiciones estructurales de género y pobreza, más que de un problema individual. Propuso no culpabilizar, sino comprender las estrategias de supervivencia, incluyendo la explotación sexual como fenómeno ligado a la demanda masculina. Señaló que el grupo puede alojar el horror y trabajar la culpa desde lo colectivo. Vinculó el malestar adolescente actual con la dificultad de imaginar futuro y destacó el valor de proyectos territoriales que restituyan pertenencia y agencia compartida.

Calle, identidad y supervivencia

La última en presentar su experiencia fue Juliana, quien expuso el caso de Camila, mujer trans que llegó al Centro de Referencia LGBTI de la Intendencia de Montevideo tras ser expulsada de su hogar, en situación de calle, con interrupción de estudios, sin acceso a hormonización y con posibles consumos problemáticos. Utilizó el caso para representar la situación de la mayoría de las usuarias del centro: mujeres trans pobres, muchas provenientes del interior, atravesadas por exclusión educativa, laboral y familiar. Planteó el impacto del desamparo en las entrevistas y preguntó cómo escuchar y sostener sin prometer lo que las instituciones no pueden garantizar, evitando reproducir circuitos de vulneración.

En su valoración, Tajer sostuvo que el abordaje debía inscribirse en la salud mental comunitaria y no en un modelo clínico individual, porque “no es el tornillo, es la pala”: se trata de trabajar con derechos, redes y estrategias colectivas. Propuso entender el Estado como un espacio de disputa y acompañar trayectorias posibles dentro de lo existente. Invitó a leer el consumo desde la reducción de daños y a comprender las migraciones trans como procesos de expulsión familiar y social. Concluyó que no se promete salvación, sino que se construyen “trayectorias de dignidad” en condiciones adversas.

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Publicado el Viernes 27 Febrero, 2026

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