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La universidad pública en disputa: formación, salud mental y nuevas derechas

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Un diálogo entre referentes académicos regionales concordó en que la universidad pública enfrenta hoy un doble desafío: sostener su función social frente a los embates de las nuevas derechas y repensar sus dispositivos formativos en un contexto de aceleración tecnológica, precarización y transformación de las subjetividades. Durante el intercambio se abordaron cuestiones como planes de estudio diseñados para otro tiempo, la dificultad para procesar los efectos de la pandemia y una juventud atravesada por la imposibilidad de imaginar futuro. La salud mental apareció entonces como un campo ético y político desde el cual disputar el sentido común mercantil, defender lo público y reconstruir lazos, temporalidad y esperanza colectiva. 
La mesa de diálogo con autoridades regionales académicas se realizó el 27 de noviembre en el Aula Magna Juan Carlos Carrasco de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Udelar), en el marco del III Congreso Internacional de Psicología. La actividad fue moderada por el profesor de la Facultad de Psicología de la Udelar, Jorge Chávez, y contó con la participación del decano de la institución, Enrico Irrazábal, junto a Juan Pablo Issel, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata; Soledad Cottone, decana de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario; y Jazmín Steuer, directora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Nacional del Chaco Austral. 

La universidad pública frente al avance de las nuevas derechas 

Irrazábal abrió la mesa con un análisis sobre el avance de las nuevas derechas sobre las universidades públicas y advirtió acerca de prácticas conservadoras que también atraviesan a las propias instituciones. El decano reivindicó la autonomía, el cogobierno y la libertad de cátedra como herencias de los movimientos estudiantiles y señaló que hoy vuelven a estar en disputa. 
Desde su experiencia uruguaya, vinculó recortes, presiones políticas y conflictos públicos con un escenario regional de amenaza a la universidad pública. En materia de salud mental, cuestionó la lenta implementación de la ley homónima, reclamó el cierre de hospitales monovalentes y sostuvo que, sin dispositivos sustitutivos y una formación universitaria coherente con el nuevo paradigma, el cambio quedaba “en el plano del discurso”. 

Formar profesionales en un “tiempo herido ”

Durante su intervención, Cottone caracterizó el presente como “un tiempo intensamente herido”, marcado por el avance de las derechas, el desmantelamiento de políticas públicas y la profundización del sufrimiento social. Señaló que en Argentina aumentaron de forma sostenida la ansiedad, los consumos problemáticos y las crisis severas, mientras más del 60 % del estudiantado universitario mostró desgaste emocional sin acceso a atención. 

En ese contexto, defendió la universidad pública y la Ley Nacional de Salud Mental argentina como pilares democráticos, y afirmó que la formación profesional constituye un “territorio en disputa”. Planteó la necesidad de una formación situada, comunitaria y crítica, orientada por paradigmas de derechos, capaz de resistir la mercantilización del sufrimiento y de producir salud mental como proyecto social. 

Revisar la formación para otro tiempo histórico 

A continuación, Issel sostuvo que, aun en un contexto atravesado por el avance de las nuevas derechas y ataques directos a la universidad pública, existen razones para sostener una expectativa transformadora desde la formación en salud mental. Destacó el proceso democrático de revisión de los estándares de acreditación de las carreras de Psicología en Argentina, que permitió discutir planes de estudio diseñados en los años ochenta e incorporar la perspectiva de derechos, la extensión curricularizada, prácticas obligatorias de investigación y contenidos acordes a la Ley de Salud Mental. 

El decano argentino advirtió sobre el intento de deslegitimar a la universidad como parte de una “batalla cultural” y subrayó el impacto de los recortes presupuestales. También señaló que la aceleración tecnológica tensiona a la formación universitaria, que “no cambia a la velocidad de la historia”, y propuso pensar la salud mental como un significante político capaz de disputar la centralidad del cálculo mercantil en la organización social. 

Juventudes sin futuro imaginable 

La última intervención correspondió a Steuer, quien analizó la relación entre juventudes, universidad pública y salud mental desde la experiencia de una institución reciente, con un plan de estudios actualizado pero atravesada por un vaciamiento presupuestal que puso en riesgo la continuidad de la carrera. Señaló la dificultad de muchos estudiantes para tomar la palabra y defender la universidad pública, incluso en contextos de fuerte sufrimiento psíquico, y mencionó la ocurrencia de suicidios como expresión de ese malestar. 

A partir de una investigación en curso, afirmó que gran parte de las juventudes no logran imaginar un futuro y lo describen como “una nebulosa”, sin proyectos personales claros. Vinculó esta imposibilidad con la lógica algorítmica, la vertiginosidad del tiempo y una falsa idea de libertad asociada al acceso a la información. Finalmente, reivindicó al campo de la salud mental y a la universidad como espacios éticos y públicos que habilitan la historización, el lazo social y la construcción de esperanza colectiva.

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Publicado el Viernes 30 Enero, 2026

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