Pasar al contenido principal

Loading...

NOTICIAS

SEADR. Atención psicológica frente a la discriminación racial

Imagen/Afiche
Cuerpo

Cada 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1966. La fecha invita a reflexionar sobre las desigualdades persistentes y a promover acciones orientadas a garantizar la igualdad y el respeto a los derechos humanos.

En este marco, el Servicio Especializado en Atención Psicológica a Personas Víctimas de Discriminación Racial (SEADR) se consolida como una propuesta concreta desde la Facultad de Psicología (a través del Instituto de Psicología de la Salud), en articulación con el Municipio B y organizaciones del movimiento afrodescendiente. Su objetivo es abordar el racismo como problema de salud mental y visibilizar sus efectos en la vida de las personas afrodescendientes.
 

El racismo tiene efectos concretos en la salud mental y sobre la calidad de vida

Así lo señalan Ana Karina Moreira y Karina Boggio, desde el SEADR. Genera inseguridad, depresión, sentimientos de vergüenza y culpa injustificados, así como dificultades en el desarrollo de la autoestima. Muchas veces estos efectos se vinculan con el intento de encajar en un molde construido para otros.

La “sobreadaptación de la personalidad” es uno de los efectos más profundos del racismo en la salud mental. Las personas afrodescendientes se regulan, autocontrolan y sobreexigen para adaptarse a modelos sociales, que siguen tomando la blanquitud como referencia.

“el control continuo sobre lo que soy, la forma de vestirme, de verme ‘limpia’ y ‘prolija’, de no reír demasiado fuerte, no usar ciertos colores, cuidar las expresiones, usar el pelo lacio. También la sobreexigencia en el trabajo o en el estudio para combatir el prejuicio asociado a personas negras como ser un negro haragán, burro, sucio o sucia”.

Ninguna de estas prácticas es una elección libre. Son estrategias de supervivencia que se internalizan y pasan a organizar la forma en que una persona se percibe, se regula y se presenta en el mundo.
 

Una clínica racializada

En la práctica clínica, muchas personas consultan sin poder identificar con claridad el origen de su malestar. Suelen decir "siento que no pertenezco y no sé por qué", o relatan sentirse observadas sin poder nombrar lo que les pasa. Muchas llegan luego de haber transitado procesos terapéuticos donde el malestar vinculado al racismo no tuvo lugar, o peor, fue minimizado con frases como "es una percepción tuya", generando revictimización.

Cuando ese malestar es reconocido, se genera por primera vez un espacio seguro. Una psicología antirracista implica cambios concretos en la escucha, la comprensión y el acompañamiento. También exige que quien escucha revise su lugar de privilegio en una sociedad estructurada por la clase, el género y la raza.

En Uruguay el racismo se vive de forma silenciosa e individual, pero como señalan las docentes, “la potencia de sanación está en lo colectivo”. Comprender que lo que le ocurre a cada persona no es una falla propia sino parte de una experiencia histórico-política compartida, cambia el punto de partida.
 

Proceso colectivo

El abordaje del SEADR también se conecta con procesos colectivos de memoria y reparación. En diciembre de 1978, durante la dictadura, cientos de familias afrodescendientes fueron desalojadas del conventillo Medio Mundo (Barrio Sur) por orden estatal, con el argumento oficial de deterioro edilicio y de mejorar sus condiciones de vida. La realidad fue que muchas de ellas fueron trasladadas a la ex fábrica textil Martínez Reina en el barrio Capurro, un espacio industrial reconvertido en alojamiento transitorio que implicó hacinamiento, pobreza y marginación. Semanas después el desplazamiento también alcanzó al conventillo Ansina.

Este episodio tiene una enorme carga histórica. Cerca de Martínez Reina funcionó el “caserío de los negros”, donde desembarcaban los barcos negreros en tiempos de la colonia. Tiempo después muchas de estas familias fueron realojadas en Cerro Norte.

Casi medio siglo después, el colectivo Volver a mi Barrio, conformado por esas familias, impulsa procesos de memoria y demandas de reparación en dimensiones materiales, simbólicas, legales, educativo-culturales y psicosociales. “Por primera vez estas familias están pudiendo poner en palabras el impacto emocional y el estigma del desplazamiento forzado”.

A través del SEADR, bajo la coordinación de la docente Adriana Peralta y junto a estudiantes, se impulsan encuentros que abordan los efectos subjetivos de ese desplazamiento. Según señalan las referentes, la experiencia no sólo forma estudiantes y produce conocimiento junto con la comunidad afrodescendiente, sino que también cuestiona una academia históricamente ciega a la dimensión racial.
 

El SEADR y los desafíos de una universidad antirracista

El SEADR interpela a la universidad, que llega tarde a una demanda que el movimiento afrodescendiente sostiene hace años. Existió al menos un intento previo. A comienzos de los 2000, la docente Susana Rudolf, junto al grupo de investigación “Quilombo Timbó” (CSIC), trabajó el tema a partir de demandas de un grupo de estudiantes universitarios del movimiento afrouruguayo, sin lograr su institucionalización. Hoy, con el objetivo de contribuir a su difusión y fortalecer ese proceso dentro de la universidad, la docente Lorena Funcasta, integrante del equipo, orienta la sistematización de la experiencia.

La experiencia pone en evidencia desafíos pendientes dentro de la propia Universidad. La omisión de la perspectiva racial en investigaciones, currículas y planteles docentes no es neutra. Menos del 1,7 % de los docentes son afrodescendientes y sólo el 5,7 % de las personas egresadas se identifican como afrodescendientes.

La Udelar se declaró antirracista en 2023. El desafío, al entender de las integrantes del SEADR, es que esa definición se traduzca en acciones concretas de reconocimiento, reparación y redistribución, porque sin cambios reales, el racismo “no solo se sostiene, sino que se reproduce y avanza.”

Según la docente Ana Karina Moreira, ser una persona afrodescendiente en la academia implica ocupar un lugar de referencia, conciencia racial crítica y sostener una lucha colectiva que exige alianzas, paciencia y persistencia.

 

Publicado en:
Portada de Sitio
Equidad y género
Publicado el Viernes 27 Marzo, 2026

Suscripción a noticias